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Salariogate: el Gobierno se quedó con tu aumento

Los salarios subieron, pero el poder de compra no. El Estado convirtió los aumentos en recaudación, no en bienestar. Esa es la realidad que viven los trabajadores dominicanos y el corazón del fenómeno que hoy conocemos como Salariogate.
El dato que siente la gente
En 2017, un trabajador formal con RD$36,000 cubría casi toda su canasta básica.
En 2025, con RD$52,000, ya no le alcanza.
El salario promedio aumentó 44%, y la canasta básica nacional también 43.7%.
A simple vista parecen cifras equilibradas, pero detrás hay un golpe silencioso: el aumento real del salario es de apenas entre 8% y 10% en ocho años.
La canasta internacional también se encareció
En poder de compra internacional (PPP), RD$36,000 de 2017 equivalían a US$680.
Hoy, los RD$52,000 actuales representan unos US$790 PPP netos, después de impuestos.
Mientras tanto, la canasta internacional básica pasó de unos US$680 a más de US$900 PPP.
En palabras simples: el dominicano gana más pesos, pero compra menos bienes esenciales.
El impuesto invisible
Desde 2017, el Gobierno no ha indexado el Impuesto Sobre la Renta (ISR) a la inflación.
Eso significa que cada aumento salarial empuja a los trabajadores a pagar más impuestos, aunque su poder adquisitivo no haya mejorado.
El resultado es un sistema donde el Estado gana más sin legislar nuevos tributos.
Entre 2020 y 2025, el fisco ha recaudado más de RD$67 mil millones adicionales de los asalariados.
De esa cifra, RD$28 mil millones corresponden a impuestos sobre inflación: dinero que el trabajador nunca llegó a disfrutar.
“Te suben el sueldo con una mano y te lo quitan con la otra. Ese es el corazón del Salariogate.”
El espejismo del progreso
El trabajador dominicano de hoy vive la paradoja de ganar más, pero vivir igual o peor.
El alquiler, los alimentos, el transporte y la energía han subido con fuerza.
En 2017, un salario promedio cubría 1.28 canastas básicas; hoy apenas cubre una.
El margen de ahorro desapareció y la vida se volvió más cara, especialmente para quienes tienen empleo formal.
La clase media como sostén del Estado
La clase media formal —que trabaja, cotiza y no recibe subsidios— se ha convertido en el motor silencioso de la recaudación.
Son los dominicanos que sostienen el país con su esfuerzo diario, pero sienten que el país no los sostiene a ellos.
El Gobierno presume aumentos salariales, mientras miles de familias se endeudan para sobrevivir.
Una decisión política, no técnica
No indexar el ISR no es un error contable.
Es una decisión política que castiga a la clase media y beneficia al Estado.
Congelar los tramos del impuesto equivale a subir los impuestos sin decirlo.
La propuesta de Omar Fernández de elevar el tramo exento y ajustarlo automáticamente a la inflación representa un acto de justicia fiscal, no un privilegio.
Y como recordó el doctor Leonel Fernández, “un Estado que gana con la inflación pierde su legitimidad moral.”
Un país que necesita dignidad salarial
El Salariogate no es solo un problema económico, es una estafa moral.
El trabajador dominicano no quiere dádivas, quiere justicia.
No pide milagros, pide que su trabajo valga lo que realmente cuesta.
El progreso no se mide por el monto de la nómina, sino por la tranquilidad que ese sueldo puede comprar.
Hasta que no se indexe el ISR y se proteja el poder adquisitivo del pueblo, cada aumento salarial seguirá siendo un engaño fiscal.
El verdadero desarrollo no se logra con dignidad, con justicia y con un Estado que deje de financiarse, sin transparencia y de forma engañosa, a costa del sudor de su gente.

