Raúl Castro: 90 años y 62 en el poder

Raúl Castro: 90 años y 62 en el poder

El informe del Secretario General del Partido Comunista, Raúl Castro, al Plenario del 8° Congreso sobre la situación del país y anunciando su renuncia constituye una magnífica pieza de arrogancia sin ningún atisbo de autocrítica después de compartir y liderar los destinos del país durante 62 años. El General Castro, Jefe de las Fuerzas Armadas y Comandante en Jefe cuando ejerció la Presidencia de la República desde 2008 hasta 2018, fue nombrado Secretario General del PC en 2011 hasta el presente.

La debacle económica de Cuba y el ejercicio autoritario del poder desde 1959 parecieran no hacer mella en los argumentos de defensa de la Revolución Socialista. El General Castro recordó en su exposición que se cumplían 60 años de la Proclamación del carácter socialista de la Revolución y de la derrota de la invasión de Playa Girón, donde murieron 3.500 cubanos.

El Secretario General destacó los cambios económicos de acuerdo al plan elaborado con asesores de China y Vietnam. El número de actividades privadas pasó de 127 a más de 2.000 y se amplió las ventas en moneda convertible para obtener liquidez. El informe contiene una profunda crítica a la burocracia de las empresas estatales por limitarse a cumplir con las instrucciones sin demostrar dinamismo e innovación. En una frase que quedará en la historia instó a borrar la dañina noción, surgida al amparo del paternalismo e igualitarismo, de que Cuba es el único país donde se puede vivir sin trabajar. Agregó que el nivel de vida y de consumo de los ciudadanos deberá estar determinado por sus ingresos legales y no por los subsidios excesivos y gratuidades indebidas. También pidió abandonar los prejuicios contra las inversiones extranjeras y destacó el progreso de la Zona Especial de Desarrollo Mariel.

El informe destacó el Artículo 5 de la Constitución, recordó que fue redactado por el Comandante Fidel, que consagra al Partido Comunista como la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado que “organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia la construcción de socialismo”. Esta retórica, similar a la que se escucha en China, Vietnam, Laos y Corea del Norte, resuena a la que repetían los líderes de la URSS y Europa Oriental para justificar su permanencia en el poder y acallar a la oposición.

Los párrafos sobre política exterior estuvieron dedicados a denostar la política de sanciones de los Estados Unidos, en especial las restricciones del turismo, el envío de remesas, la reimplantación de la Ley Helms-Burton y las restricciones a 231 empresas por sus vinculaciones con las Fuerzas Armadas. Castró efectuó un llamado para reiniciar el diálogo con la Administración Biden previo levantamiento de las medidas implementadas por Trump y sobre la base del respeto al derecho de cada pueblo de elegir su propio sistema de gobierno y el principio de no-intervención en los asuntos internos de otros países.

La larga elegía sobre la Revolución Socialista está plagada de críticas a los individuos por su incapacidad de ajustarse al modelo. Han tenido que recurrir a asesores externos para replantear un sistema que hasta el momento solo acentuó el escepticismo sobre el continuo liderazgo de un mismo grupo que sigue arrogándose el derecho de disponer el destino de los ciudadanos como si fueran marionetas. Las limitaciones al acceso a internet solo constituyen un ejemplo del control que se ejerce sobre la vida diaria con la excusa de evitar influencias perniciosas del imperialismo.

La recurrencia a la misma retórica sobre la pobreza y la igualdad no pueden ocultar que esa claque encaramada en el poder maneja un relato con el cual pretende aferrarse y como profetas se arrogan el derecho de conducir al rebaño por un camino plagado de escollos hacia un paraíso que todos los años se aleja un poco más. Raúl Casto con 90 años abandona la Secretaría General pasándosela al Camarada Díaz-Canel, cuya trayectoria “asegura la continuidad”, dejando saber que siempre estará listo para volver si las circunstancias lo requirieran. El discurso de Raúl Castro fue una copia de los ya escuchados en el pasado; solo sumó nuevas advertencias contra “esos descarriados” que todavía intentan pensar cuando ese derecho solo reside como lo indica la Constitución con el buró del partido.

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