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El ocaso de la Yakuza: Mínimos históricos y la amenaza de las redes «Tokuryu»
Un informe detallado publicado este 19 de abril de 2026 analiza la decadencia de la mítica Yakuza en Japón, que enfrenta su momento más crítico debido a la presión legal y la aparición de nuevas estructuras criminales digitales conocidas como «Tokuryu».
Los puntos clave de la transformación criminal en Japón:
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Cifras en mínimos históricos: A finales de 2025, el número de miembros de grupos criminales organizados cayó a 17,600 personas, una cifra drásticamente menor a los 180,000 que llegó a tener en la década de 1960. Las autoridades atribuyen este declive a la «mano dura» y a leyes que impiden a los yakuza realizar actos básicos como alquilar una vivienda o comprar un auto.
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«Tokuryu»: El nuevo crimen anónimo: El informe destaca la proliferación de las redes tokuryu. A diferencia de la Yakuza, estas son organizaciones fluidas y anónimas que operan principalmente a través de internet y redes sociales. No tienen una jerarquía estricta y reclutan personas de forma aleatoria para cometer delitos específicos, lo que dificulta enormemente la labor policial.
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Falta de compromiso vs. Tradición: Expertos señalan que mientras ser un Yakuza implica un estilo de vida, códigos de honor y una estructura familiar, los criminales en las redes tokuryu actúan motivados exclusivamente por el dinero rápido. Esto marca el fin de la era del «hampa romántica» o jerarquizada en Japón.
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Dificultad de reinserción: Aunque muchos abandonan formalmente las bandas para eludir las ordenanzas, la socióloga Martina Baradel advierte que no se están integrando en la sociedad, sino que simplemente pasan a operar en las sombras o se vinculan a estos nuevos esquemas de estafas digitales.
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De la violencia al fraude: La pérdida de control territorial ha obligado a los antiguos mafiosos a incursionar en delitos que antes despreciaban, como el fraude telefónico y las estafas virtuales, mercados donde ahora compiten con las redes tokuryu.
Conclusión: La Yakuza no está muerta, pero se describe como una institución «moribunda». El panorama del crimen en Japón se está fragmentando, pasando de familias tradicionales con rostros conocidos a redes digitales invisibles que representan un desafío mucho más complejo para la seguridad nacional en este 2026.
