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El Escudo de Las Américas, ante la crisis internacional planteada por la desintegración de Haití
Los ciudadanos y organizaciones dominicanas que suscribimos esta carta pública, especialmente dirigida a los Presidentes y líderes de las Naciones que recientemente conformaron el necesario y oportuno Escudo de Las Américas (una iniciativa auspiciada por el Presidente Donald Trump, dirigida a redefinir sobre otras bases las relaciones hemisféricas en materia de seguridad), nos sentimos en el deber de formularles con el mayor respeto, un mensaje de justicia y razón a la vez que de sana advertencia y cuidado, con el propósito de contribuir a la preservación de la seguridad y la paz en la Isla de Santo Domingo, y de consiguiente, en toda la región del Gran Caribe y el Continente de Las Américas.
La historia nos muestra, en no pocas ocasiones, que cuando se desconocen los derechos inalienables de las naciones, por pequeñas o vulnerables que sean, se compromete o arriesga gravemente la paz internacional. También nos enseña que permitir estados frágiles o fallidos en una zona estratégica como es el Gran Caribe (en la que por siglos se han enfrentado las mayores potencias del mundo, como lo hacen en el presente), constituye una insensatez enorme que podría tener funestas consecuencias.
Imposición de un esquema insular desestabilizador
Lamentablemente, a lo largo de las décadas pasadas, cuando estaba en auge la visión del orden globalista, centrada en eliminar culturas, fronteras e identidades nacionales, que afortunadamente está llegando a su fin en buena medida por la contundente política revisionista del Presidente Donald Trump, algunos dominicanos veníamos observando con creciente preocupación y justa indignación, cómo se pretendía gestionar la profunda y compleja crisis de Haití (nación emblemática, devenida en Estado Fallido), mediante los enfoques más cínicos, retorcidos y perversos, a la vez que obtusos y contraproducentes.
De este modo, pese a todas las denuncias y acciones de resistencia ordenada, especialmente, en defensa de la nacionalidad dominicana y la preservación de la integridad territorial y demográfica de nuestra República, se ha insistido en imponer de manera cada vez más abierta un siniestro plan criminal: que República Dominicana pase a convertirse en el Estado Pivote o Tapón de esa crisis, que es la más antigua y compleja del Continente, y que en consecuencia, sus espacios territoriales y recursos limitados se conviertan en su zona de amortiguamiento o buffering, a expensas de sus posibilidades, de su propio desarrollo y con grave menoscabo de las condiciones de existencia de sus ciudadanos.
La desastrosa gestión de la ONU y la OEA
En este punto procede recordar que ninguna de las siete misiones dispuestas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para encarar las crisis de Haití en las últimas décadas, han tenido mandato ejecutivo para acometer junto a las autoridades haitianas las tareas esenciales de la reconstrucción de sus bases nacionales, ni mucho menos, para enfrentar las diferentes formas de criminalidad y depredación, que han terminado por convertir a Haití en una zona de desastre sanitario y ecológico, así como en un enclave importante del Crimen Organizado Transnacional, en capacidad de financiar actividades de terrorismo internacional y de criminalidad compleja.
Este déficit de la acción internacional fue admitido por Edmond Mulet, Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas, como el más grave error, al tiempo que vaticinaba en el 2019 que “las hordas haitianas entrarían al país (RD) buscando comida y refugio”.
Incluso, el mandato especial que se confirió con carácter de urgencia a los presidentes Clinton y Bush en la Conferencia Internacional sobre Haití, realizada en Punta Cana, República Dominicana tras el terremoto del 12 de Enero del 2010, con los auspicios de la ONU y OEA, terminó en un gran fiasco plagado de escándalos de toda índole. Mas aún, buena parte de la crisis presente tiene mucho que ver tanto con graves errores de gestión del Core Group, como con las posturas maliciosas e irresponsables de los regímenes alineados o influenciados por el Socialismo del Siglo XXI, bajo la orientación encanallada de las dictaduras que oprimen Venezuela y Cuba, junto a sus poderosos aliados en EEUU y la UE.
En ese dramático contexto, la gran mayoría de la población dominicana posee justos motivos y pruebas sobradas para creer que esa estrategia de abordaje de la crisis haitiana (tan altamente sofisticada como pérfida), consiste fundamentalmente en evitar que el éxodo desbordado de haitianos salga lo menos posible del ámbito de la isla, y que, en cambio, sea trasvasado y asentado en forma permanente en República Dominicana, dando origen a una fusión de facto de ambas naciones.
Las evidencias sobran
Esto fue denunciado con responsabilidad en 1993, por el Presidente y líder histórico dominicano Joaquín Balaguer Ricardo, cuando desde la administración Clinton se presionó de muchas maneras para la apertura de campamentos de refugiados en territorio dominicano, bajo el palio de la ONU y en ocasión del riguroso bloqueo que se impuso a Haití para auspiciar el retorno al gobierno del Presidente y líder haitiano (tan sanguinario como mesiánico) Jean Bertrand Aristide.
Ese proceso avanzado de traslado masivo de población haitiana, en esencia, no es más que la ejecución de la recomendación de política que en fecha tan temprana como junio de 1949, se consignó en la Conclusión V del Informe ONU: «Mission To Haiti».
Propiamente, se ha tratado de una trama infame y artera, de ejecución continua y sistemática. Por un lado, se hace un ejercicio descarado de descarte de una nación depauperada y con problemas crónicos de gobernabilidad, integración y viabilidad (aunque merecedora de un mejor destino), mientras que por otro, se perpetra contra la nación vecina insular (cuna de la civilización cristiana en Las Américas) un crimen de agresión territorial y demográfica, con el ropaje de incesantes “crisis humanitarias”.
La denuncia del Senador Rubio
No debemos olvidar que la crisis de Haití en los últimos años ha sido profundizada y extendida con deliberación y alevosía, mientras se ha permitido que el Crimen Organizado Transnacional y el Terrorismo en sus más crueles expresiones capturen esa nación histórica, convirtiéndola en uno de sus bastiones más peligrosos en Las Américas. Sobre este respecto, es pertinente recordar que el Senador Marcos Rubio, actual Secretario de Estado de los Estados Unidos de America en fecha 20 de Abril del 2024, denunció que sectores radicales en la administración Biden junto a Amnistía Internacional, estaban conjurados para imponer “en un momento” a República Dominicana “tres millones de haitianos”, denuncia responsable que muchos dominicanos entendimos sirvió para frustrar esa maligna maniobra…

