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Se cae la narrativa exógena con componenda local contra las Fuerzas Armadas
Ariel Lara
La República Dominicana enfrenta una ofensiva retórica internacional. El reciente informe del Panel de Expertos de la ONU pretende señalar al territorio dominicano como el eje del tráfico de armas hacia Haití. Esta narrativa no solo es injusta, sino técnicamente sesgada: busca transferir la responsabilidad del fracaso global a la única nación que contiene los efectos colaterales de la crisis vecina. Este relato extranjero, replicado de manera irresponsable por ciertos titulares locales y plataformas de oposición interesadas en generar impacto mediático, se desmorona ante los hechos.
La falacia internacional frente a la realidad
El cuestionamiento externo ignora la capacidad de fiscalización del Estado dominicano. Los casos de desvío de pertrechos referidos por la ONU no fueron descubiertos por inspectores extranjeros, sino detectados, investigados y judicializados de forma autónoma por los órganos de inteligencia y de justicia dominicanos. No hay impunidad; hay depuración interna. Además, el arsenal de alto calibre de las bandas haitianas ingresa por rutas marítimas transnacionales que los organismos globales han sido incapces de interceptar en sus puertos de origen.
Respaldo hemisférico: cae la difamación
La tesis de un cuerpo militar permeable se desmorona ante la realidad geopolítica. El país no solo está integrado en la iniciativa estratégica Escudo de las Américas, sino que Santo Domingo acaba de ser sede de la cumbre de la Coalición de las Américas Contra los Cárteles.
Este evento reunió a delegaciones, ministros de defensa de diecinueve naciones y al Comando Sur de los Estados Unidos (SOUTHCOM). Las potencias globales y las agencias de seguridad más estrictas del planeta no confían su planificación ni estrategias de inteligencia a una institución cuestionable. Esta cooperación internacional es el testimonio más contundente de la confianza y el respeto técnico que poseen nuestras Fuerzas Armadas.
El espejo del vacío: Haití
El valor de la institucionalidad castrense se evidencia por el contraste. Tras la disolución de sus fuerzas armadas en los años noventa, Haití anuló su capacidad de defensa, creando un vacío de autoridad copado por el crimen organizado que hoy controla la gran mayoría de su capital. Ese es el espejo del abismo; una realidad de disolución territorial a la que la República Dominicana nunca llegará.
Conducción estratégica y blindaje técnico
Frente a la volatilidad, la respuesta dominicana destaca por su rigor logístico. Bajo la gestión del Ministro de Defensa, el Teniente General Carlos Antonio Fernández Onofre, se ejecuta el mayor esfuerzo de estabilización fronteriza en décadas:
Despliegue operativo: Más de 11,000 efectivos en la línea divisoria.
Tecnología: Verja inteligente conectada al Centro de Comando (C5i), drones autónomos y sensores térmicos.
Conclusión
Mientras los organismos multilaterales y las bocinas locales que buscan beneficio político amplifican informes desde la comodidad de la distancia, el soldado dominicano garantiza la viabilidad de la nación en el terreno. Respaldar la integridad institucional de las Fuerzas Armadas es un imperativo geopolítico fundamental para preservar la soberanía y la paz de la República. ¡Con la Patria no se juega!

