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Silencio forzado: ONG denuncia la persecución sistemática y el desmantelamiento del periodismo en Nicaragua
En este 12 de abril de 2026, un nuevo informe de organizaciones de derechos humanos ha encendido las alarmas internacionales al detallar la crítica situación que enfrenta la prensa libre en Nicaragua. Según la denuncia, el país vive una persecución sistemática que no ha dado tregua desde el año 2018, resultando en un ecosistema mediático casi totalmente desmantelado y una profesión ejercida mayoritariamente desde el exilio.
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Ocho años de asedio continuo: El reporte destaca que la estrategia del gobierno no ha sido esporádica, sino un plan estructurado para eliminar cualquier voz crítica. Desde las protestas sociales de 2018 hasta este segundo trimestre de 2026, se han registrado cierres forzosos de radioemisoras, canales de televisión y diarios impresos, muchos de ellos con décadas de trayectoria en el país.
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El periodismo bajo sospecha: En este 2026, el marco legal en Nicaragua se ha endurecido para criminalizar la labor informativa. Leyes contra el «ciberdelito» y la «soberanía nacional» son utilizadas como herramientas para detener a reporteros o forzarlos a abandonar el país bajo amenazas de prisión. Esto ha generado un fenómeno de «periodismo de catacumbas», donde la información se produce de forma clandestina para proteger la integridad de las fuentes y los redactores.
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Impacto en el derecho a la información: La ONG alerta que el cierre de medios locales ha dejado a comunidades enteras en un «apagón informativo». Sin medios independientes que fiscalicen la gestión pública o denuncien abusos, la ciudadanía queda expuesta únicamente a la narrativa oficial, lo que debilita profundamente el tejido democrático y la rendición de cuentas en la nación centroamericana.
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Llamado a la comunidad internacional: Ante este panorama, el informe insta a los organismos regionales y a la comunidad internacional en este abril de 2026 a no normalizar la situación nicaragüense. Se solicita una mayor presión diplomática para garantizar el retorno seguro de los periodistas exiliados y el cese de las confiscaciones de bienes y sedes de medios de comunicación.
La situación descrita por esta ONG refleja que, lejos de mejorar, la hostilidad contra la prensa en Nicaragua se ha institucionalizado, convirtiendo el ejercicio de informar en uno de los actos de mayor riesgo en la región. El periodismo nicaragüense lucha hoy por su supervivencia, resistiendo desde fuera de sus fronteras para mantener viva la verdad.

