Llueven divisas, pero la economía no termina de encauzarse

Llueven divisas, pero la economía no termina de encauzarse

Si el precio de la soja sigue rompiendo récord los ingresos adicionales en comparación con el año anterior pueden alcanzar fácilmente los USD 15.000 millones (Reuters)
El impulso de las economías de Estados Unidos y de China sobre los precios de las materias primas agrícolas ha sido tan significativo que la Argentina va contar este año con al menos USD 10.000 millones adicionales de exportaciones agroindustriales.

A esto hay que sumarle una masiva inyección de fondos (DEG) del FMI a los países miembros, que implicará un ingreso excepcional de USD 4.300 millones.

Si el precio de la soja sigue rompiendo récords los ingresos adicionales en comparación con el año anterior pueden alcanzar fácilmente los USD 15.000 millones, cifra que representa casi 4% del PBI.

En un contexto de fuerte restricciones en la Cuenta Capital de la balanza de pagos, estas divisas extra permiten: acumular reservas internacionales; contener la brecha cambiaria esterilizando pesos en el camino; posponer el acuerdo con el FMI, pues el ingreso de DEG cubre 85% de los pagos de capital al Fondo del año; y, financiar un nivel de importaciones acorde con una recuperación a tasas chinas, que permitiría dejar atrás casi todo el terreno perdido en 2020 producto de la pandemia/cuarentena.

Las divisas extras permiten: acumular reservas internacionales; contener la brecha cambiaria; posponer el acuerdo con el FMI, y financiar un nivel de importaciones acorde con una recuperación a tasas chinas

Condición necesaria, pero no suficiente

Que este año la restricción externa no opere como limitante es condición necesaria pero no suficiente para dejar atrás la crisis económica/social de 2018-2020. El lento avance del proceso de vacunación en el país y la aparición de cepas de covid-19 más contagiosas y con mayor mortalidad, explican por qué la segunda ola está golpeando más fuerte que la primera.

Por caso, en el AMBA los contagios más que duplican el pico de la primera ola y la tasa de ocupación de terapias intensivas está en nivel récord (más de 75%), acercándose peligrosamente a la saturación. En el resto del país los contagios todavía no superaron el pico de la primera, pero todo indica que es cuestión de días para que ello suceda pues la curva de contagios se rezaga unas semanas. Por caso, el pico de 2020 se alcanzó en Capital y provincias de Buenos Aires a principios de septiembre, mientras que en el resto del país ocurrió a fines de octubre.

A diferencia del año pasado, el Poder Ejecutivo demoró la implementación de medidas que restringen la movilidad para minimizar su impacto de económico. Un claro ejemplo fue no afectar la temporada turística estival y casi no restringir el movimiento durante Semana Santa, pese a que los contagios escalaban.

La recuperación de la actividad -próxima a alcanzar niveles pre-pandemia- entró en un impasse

Sin embargo, la saturación de la ocupación de las camas de terapia intensiva en el AMBA llevó al Presidente a endurecer las restricciones en la región que aporta casi la mitad del PBI del país, con lo cual la recuperación de la actividad -próxima a alcanzar niveles pre-pandemia- entró en un impasse. No sabemos cuánto pueden durar las restricciones, pero es probable que en el corto plazo se endurezcan/extiendan a todo el país, generando una contracción del PBI desestacionalizado, pese al creciente viento de cola externo.

Otro condicionante es la salud del aparato productivo

La producción de bienes ha recuperado en varios sectores niveles pre-pandemia pero no su rentabilidad (salvo las actividades primarias beneficiadas por mayores precios internacionales).

Producto del fenomenal desplome de la demanda, el ajuste de precios no pudo seguir el alza de costos que generó la pandemia (dificultades logísticas, estrictos protocolos sanitarios, mayor ausentismo, etc.). Pero el necesario proceso de recomposición de márgenes que comenzó a fines del 2020 con el levantamiento del confinamiento y la recuperación dela demanda, choca con los crecientes controles de precios y cantidades de la Secretaría de Comercio Interior.

El panorama por el lado de los servicios es aún más complejo ya que, producto de mayores restricciones y/o menor demanda, la actividad cayó más de 10% en 2020 y enfrenta la segunda ola con niveles de actividad y rentabilidad menores a los previos a la pandemia. De hecho, el entramado productivo está muy deteriorado en rubros como hotelería, restaurantes y recreación (en lugares cerrados o eventos masivos).

Esto no sólo se percibe en el cierre de emprendimientos sino también en los puestos de trabajo: al comparar las cifras del cuarto trimestre del año pasado con las de fines de 2019 se percibe una pérdida de poco más de 1 millón de puestos de trabajo, explicados en su totalidad por servicios pues el empleo asociado a la producción de bienes empardó niveles pre-pandemia.

Por último, la recuperación no será plena por los límites a la recomposición del ingreso real de las familias. Aquí se conjugan varios factores, siendo los más relevantes el empleo y el poder adquisitivo del trabajo. Las mayores dificultades que afectan a los servicios, frenan la recomposición de empleo en un sector que explica casi 3 de cada 4 puestos de trabajo en nuestro país.

La aceleración de la inflación

A esto se le suma la aceleración de la inflación en un contexto en que las autoridades económicas intentaron coordinar expectativas en torno a la suba de precios del Presupuesto 2021 (29%). Tras una inflación acumulada de casi 17% en el primer cuatrimestre, las negociaciones paritarias que acordaron alzas en torno al 32% se quedaron cortas.

Si bien hay cláusulas de reapertura, estas sólo permitirían acompañar la suba de precios, lo que significa que la recomposición del salario real será magra. Y por la nueva forma de movilidad, esta dinámica se replica en las prestaciones sociales, salvo que el Gobierno otorgue un monto adicional.

Pensar que la inflación podía bajar nuevamente en 2021, implica desconocer que la estricta cuarentena de otoño-invierno operó como un efectivo acuerdo de precios y salarios en la mayoría de las ramas de la economía (excepto los rubros cuya demanda creció notablemente por la pandemia). De hecho, los precios entre marzo y septiembre del año pasado treparon 2,1% promedio mensual, mientras que en la temporada primavera-verano casi se duplicaron, escalaron 3,9% promedio mensual.

Pensar que la inflación podía bajar nuevamente en 2021, implica desconocer que la estricta cuarentena de otoño-invierno operó como un efectivo acuerdo de precios y salarios

La reacción oficial para frenar la inflación en post de lograr una pronta recuperación del salario real fue apelar a la clásico ancla cambiaria y tarifaria e imponer mayores controles de precios junto a restricciones a las exportaciones (léase carne). Estas medidas comparten un común denominador: pueden tener algún efecto positivo en el corto plazo, pero hipotecan el futuro al impactar negativamente sobre el entramado productivo.

El Gobierno buscará a través de una política fiscal y crediticia laxa apuntalar el ingreso de las familias de cara a los comicios de medio término, pero el límite para financiar el déficit sin financiamiento externo es acotado.

La bala de plata para cubrir el rojo con emisión se gastó en 2020, pues el BCRA tuvo que aumentar significativamente sus pasivos remunerados para contener la expansión monetaria. El problema es que el atraso tarifario sumado a la necesaria asistencia social por un confinamiento que se profundizará en las próximas semanas, reeditan la tensión fiscal-monetaria-cambiaria de mediados del año pasado.

La bala de plata para cubrir el rojo con emisión se gastó en 2020, pues el BCRA tuvo que aumentar significativamente sus pasivos remunerados para contener la expansión monetaria (EFE)
En síntesis, ni siquiera un aluvión de divisas resuelve los problemas que arrastra la economía argentina. Además, las últimas medidas son costosas para el aparato productivo, afectando las perspectivas de crecimiento.

Más aún, salvo que los precios internacionales de las materias primas agrícolas sigan trepando, haya una súper cosecha y/o vuelva a haber un ingreso extraordinario de fondos (como la inyección mundial del FMI prevista en 2021), el Poder Ejecutivo no va a poder posponer el acuerdo con el Fondo, ni sostener los atrasos cambiarios y tarifarios.

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