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Las lecturas del XXIV Domingo del Tiempo Ordinario nos convocan a meditar sobre la exigencia evangélica de perdonar a nuestro prójimo. A través de la enseñanza de Jesús a Pedro y la Parábola del siervo malvado, la liturgia nos muestra la relación directa entre la misericordia que recibimos de Dios y la compasión que debemos ofrecer a los demás.
Primera lectura y Salmo: la exigencia de perdonar para ser perdonados
El libro del Sirácide (27, 33-28, 7) advierte con claridad que el rencor y la cólera son abominaciones en las que el pecador se aferra. El pasaje plantea un cuestionamiento directo a la conciencia humana: quien guarda rencor a su semejante no puede solicitar la sanación ni el perdón de sus propios pecados al Señor. Recordar el fin de la vida y la alianza del Altísimo debe mover al creyente a pasar por alto las ofensas recibidas.
En consonancia con esta enseñanza, el Salmo 102 proclama la bondad infinita del Creador: «El Señor es compasivo y misericordioso». La oración salmódica nos recuerda que Dios rescata nuestra vida del sepulcro, perdona las culpas y no nos paga conforme a nuestras faltas, extendiendo su misericordia como la distancia entre el cielo y la tierra.
Segunda lectura: pertenecemos al Señor en la vida y en la muerte
En la carta a los Romanos (14, 7-9), San Pablo expone el fundamento teológico de la convivencia comunitaria: «Ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni muere para sí mismo». La vida entera del cristiano encuentra su sentido y orientación en Cristo, quien murió y resucitó para ser Señor de vivos y muertos.
Esta pertenencia a Cristo transforma las relaciones interpersonales, exigiendo que las decisiones, juicios y actitudes entre hermanos reflejen la autoridad y el amor del Resucitado.
Evangelio según san Mateo: el perdón setenta veces siete
El Evangelio de san Mateo (18, 21-35) relata el diálogo donde Pedro pregunta a Jesús si debe perdonar a su hermano hasta siete veces. La respuesta de Jesús —«No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete»— establece que el perdón no puede sujetarse a límites ni medidas cuantitativas.
Para ilustrar este principio, Jesús narra la parábola del rey que condona una deuda millonaria e incalculable a uno de sus siervos. Sin embargo, al salir, ese mismo siervo encarceló a un compañero que le debía una suma insignificante. La indignación del señor ante la falta de compasión del siervo perdónado deriva en una advertencia solemne: el Padre celestial tratará de la misma manera a quien no perdone de corazón a su hermano.
Liturgia del día y Plegaria Universal
La celebración litúrgica, marcada por el color verde propio del Tiempo Ordinario, incluye la conmemoración de San Juan Crisóstomo, Obispo y Doctor de la Iglesia. La oración colecta y sobre las ofrendas piden a Dios la gracia de servirle de todo corazón para experimentar la fuerza de su salvación y transformar nuestro espíritu según el don celestial.
La Plegaria Universal eleva suplicas por los pastores de la Iglesia, los gobernantes, la unidad de las familias, la salud de los enfermos y el aumento de los bienes de la comunidad, confiando toda la oración a la mediación de Jesucristo.

