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Las lecturas del XXV Domingo del Tiempo Ordinario ofrecen una profunda enseñanza sobre la justicia, la gracia y la bondad incalculable de Dios. En este domingo de septiembre de 2026, la liturgia de la Iglesia coincide además con la memoria de Santos Andrés Kim, Pablo Chong y compañeros mártires coreanos, invitando a los fieles a contemplar cómo los caminos divinos superan toda lógica humana.
Liturgia de la Palabra
Primera Lectura (Isaías 55, 6-9)
El profeta Isaías exhorta al pueblo a buscar al Señor mientras se deja encontrar y a abandonar los caminos del mal. El pasaje destaca la trascendencia del perdón divino: «Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, sus caminos no son mis caminos, dice el Señor».
Salmo Responsorial (Salmo 144)
Una oración de alabanza que reconoce la magnanimidad y cercanía de Dios con sus creaturas:
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Respuesta: «Bendeciré al Señor eternamente».
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Proclama la compasión, la paciencia y el amor infinito del Creador hacia todos los que lo invocan con sinceridad.
Segunda Lectura (Filipenses 1, 20-24. 27)
San Pablo comparte su profunda convicción apostólica ante la vida y la muerte: «Para mí, la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia». Exhorta a la comunidad a mantener una conducta digna del Evangelio, priorizando el servicio y el fruto pastoral.
Santo Evangelio (Mateo 20, 1-16)
Jesús relata la parábola de los trabajadores de la viña. Un propietario contrata obreros a distintas horas del día y, al atardecer, paga a todos por igual: un denario. Ante el reclamo de los primeros contratados, el dueño responde: «¿Vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?». La enseñanza concluye con la sentencia del Reino: «Los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos».
Plegaria Universal y Oraciones Litúrgicas
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Oración Colecta: Pide la gracia de cumplir los mandamientos del amor a Dios y al prójimo para alcanzar la vida eterna.
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Plegaria Universal: Eleva intenciones por el Papa, los obispos, la paz global, los gobernantes, las personas necesitadas o enfermas y la comunidad congregada («Padre, escúchanos»).
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Oración sobre las Ofrendas y Postcomunión: Suplican que los dones presentados y el sacramento recibido renueven la vida de los creyentes y les aseguren el fruto de la redención.
La meditación de esta liturgia recuerda que la generosidad divina no se mide con criterios de mérito humano, sino desde la gratuidad del amor de Dios.
¿De qué forma te inspira la parábola de los trabajadores de la viña a replantear la justicia y la generosidad en tu día a día? Compártenos tu comentario.
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