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La minería y el futuro
Pasado ya el temporal, considero oportuno referirme al tema de la minería en el país. El tema es importante porque es recurrente, aunque no queramos. Y la razón es sencilla, la minería es una potencial fuente de riqueza que podríamos aprovechar en un mundo crecientemente inestable.
Esto es indiscutible, como lo es también que las preocupaciones que despierta en muchos ciudadanos son válidas. Si la explotación minera no se maneja correctamente, puede causar daños medioambientales y sociales incalculables.
Y aquí está el meollo del asunto. Lo más conveniente para el país sería encontrar un punto de equilibrio entre el desarrollo económico y la protección medio ambiental, que además fomente el desarrollo social. Esto tiene dos factores en contra. Por un lado, la visión puramente mercantilista de los proyectos mineros, que rechaza cualquier lógica distinta a la del beneficio económico.
Por el otro, la lógica que asume que la minería no debe ser realizada en ninguna circunstancia. Ambas son miopes. La primera porque, como hemos visto, ignorar esos intereses sociales (y constitucionales) es dar coces contra el aguijón. La segunda porque se sostiene en una visión tan falsa como bucólica de la vida en la cual lo material es irrelevante para el bienestar de las personas, sin hablar de la contradicción de usar los instrumentos construidos con minerales extraídos del suelo para oponerse radicalmente a la actividad que los hacen disponibles.
Lo responsable es trabajar para que sea posible la armonización de todas estas preocupaciones y lograr, en la minería como en todo, equilibrar lo económico, lo social y lo medioambiental. Es posible hacerlo, y hasta necesario. No podemos olvidar que, sin hacer mucho ruido, el sector minero hace aportes muy importantes a la sostenibilidad del Estado. Eso sí, debe reconocer que la desconfianza es fruto de experiencias reales y concretas. La confianza sólo podrá recuperarse si se asumen los errores del pasado.
En este, como en todos nuestros problemas, los dominicanos debemos abandonar las posiciones extremas. No sirven para nada al colectivo. La realidad es la que es: Ni la minería es un mal en sí mismo, ni su contexto social y medioambiental pueden ser ignorados. Los tres son importantes, y lo conveniente para el desarrollo del país es encontrar la forma de potenciarlos todos.
