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Estrategia de Washington: Casa Blanca cree que la baja de Larijani acelera los planes para derrocar al régimen iraní
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Punto de inflexión: Dentro de la Casa Blanca, la eliminación de Larijani, una de las figuras más influyentes del aparato de poder en Teherán, es vista como el catalizador necesario para desestabilizar la estructura interna del régimen. Los analistas del gobierno estadounidense consideran que este vacío de poder crea una vulnerabilidad sin precedentes.
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Debilitamiento del círculo interno: Larijani funcionaba como un puente clave entre las diferentes facciones del poder iraní. Su ausencia no solo rompe la cohesión del liderazgo, sino que, según Washington, facilita las operaciones destinadas a fomentar una transición de gobierno o un colapso del sistema actual.
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Apoyo a la oposición: La administración de Donald Trump evalúa que este es el momento idóneo para intensificar el apoyo a los movimientos disidentes internos. La teoría en los pasillos del poder estadounidense es que, sin sus figuras operativas clave, el régimen tendrá muchas más dificultades para contener el descontento social.
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Presión máxima coordinada: Esta visión refuerza la política de «presión máxima» liderada por el Secretario de Estado, Marco Rubio. El objetivo ya no es solo contener a Irán, sino aprovechar las fracturas en su liderazgo para forzar un cambio de régimen que alinee al país con los intereses de estabilidad de EE. UU. y sus aliados.
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Riesgos de inestabilidad: Aunque la Casa Blanca ve esto como una oportunidad, expertos en inteligencia advierten que el intento de derrocamiento podría generar un caos interno de gran magnitud, lo que ha puesto a las fuerzas estadounidenses en la región en estado de preparación para cualquier contingencia.

