El espectro neonazi resiste en Alemania

El espectro neonazi resiste en Alemania

Las últimas marchas xenófobas reactivan a grupúsculos y partidos ultras

En un momento de la manifestación del pasado domingo 9 de septiembre en la ciudad alemana de Köthen, convocada por la muerte de un joven alemán tras un altercado con dos coetáneos afganos, tomó la palabra David Köckert, líder del grupúsculo ultra Thügida. “Es una guerra. Lo que pasa aquí es una guerra racial contra el pueblo alemán –arengó Köckert–. ¿Queremos seguir siendo ovejas, o queremos convertirnos en lobos y destrozarles?”

En Köthen, localidad de 26.000 habitantes en el land de Sajonia-Anhalt, participaron en esa manifestación unas 2.500 personas, de las cuales entre 400 y 500 eran extremistas de ultraderecha, según el responsable de Interior del land, Holger Stahlknecht. En vídeos se veía a filas de hombres marchando por las calles, y se les oía corear el lema: “Nationalsozialismus! Jetzt, jetzt, jetz!”(¡Nacionalsocialismo, ahora, ahora, ahora!). Esos cánticos neonazis activaron todas las alarmas en el Gobierno y en la sociedad.

El alcalde, el socialdemócrata Bernd Hauschild, había desaconsejado a los vecinos ir a la concentración, alertando de que, según sus informaciones, “grupos violentos de fuera de Köthen están llegando en gran número”. La marcha había sido convocada por un minúsculo partido de la zona, Die Rechte, y neonazis de las proximidades, como David Köckert y los suyos, acudieron en tromba. Suelen movilizarse muy deprisa.

Hay 23.100 neonazis; algunos viajaron a Chemnitz y Köthen para las marchas

Algo similar, aunque con cifras de asistencia más grandes y con más actores involucrados, sucedió dos semanas antes en Chemnitz, ciudad de 245.000 habitantes en el land de Sajonia, fronterizo con el de Sajonia-Anhalt. El acuchillamiento mortal de un alemán por un sirio y un iraquí el domingo 26 de agosto desencadenó manifestaciones que derivaron en disturbios. En la primera, orquestada ese mismo día velozmente por grupos neonazis vía redes sociales, participaron unas 800 personas, y hubo acoso a extranjeros en las calles.

Al día siguiente, el partido ultra local Pro Chemnitz –que tiene representación en el Ayuntamiento– convocó una marcha a la que acudieron 6.000 manifestantes: muchos eran vecinos del lugar, gentes atemorizadas por la inmigración y la seguridad ciudadana, pero otros llegaron de otros lugares, según aseguró el responsable de Interior de Sajonia, Roland Wöller. Hubo disturbios ante agentes de policía claramente sobrepasados, y algunos hombres hicieron el saludo hitleriano, que en Alemania está prohibido. Los había del lugar, pero también algunos llegados de fuera.

Esas imágenes dieron la vuelta al mundo y horrorizaron a la canciller democristiana Angela Merkel. También pusieron sobre aviso al partido ultraderechista de ámbito federal Alternativa para Alemania (AfD), que practica un duro discurso antiinmigración, pero que, consciente de la mala imagen de los neonazis, convocó una “marcha de duelo” en Chemnitz el sábado 1 de septiembre por “todos los fallecidos a causa de la multiculturalidad obligatoria en Alemania” y llamó a acudir con ropa negra y rosas blancas. Se sumó desde su feudo de Dresde el movimiento islamófobo Pegida (Europeos Patrióticos contra la Islamización de Occidente). Acudieron 4.500 personas, y no hubo simbología neonazi ni incidentes de gravedad, a pesar de que coincidía con una contramarcha de partidos y entidades cívicas en defensa de la diversidad, que tuvo 4.000 seguidores.

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