![]()
Cuidar la salud cardiovascular no implica someterse a dietas estrictas ni eliminar por completo la sal de las comidas. Una de las principales estrategias para proteger el corazón consiste en convertir los alimentos frescos en la base de la alimentación y reducir el consumo de productos ultraprocesados, debido a su elevado contenido de sodio, azúcares y grasas poco saludables.
La alimentación mantiene una relación directa con factores que pueden aumentar el riesgo cardiovascular, como la presión arterial, el colesterol y los triglicéridos. La nutricionista Delia Guadalupe Estrada Palafox, directora del Departamento Académico de Ciencias de la Nutrición de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), destacó la importancia de mantener una alimentación variada y equilibrada, en lugar de concentrarse en un alimento específico o en dietas de moda.
Uno de los aspectos que requiere mayor atención es el consumo de sodio. Aunque este mineral es necesario para el funcionamiento del organismo, su ingesta suele superar las cantidades recomendadas.
«El exceso no procede únicamente de la sal que se añade durante la preparación de los alimentos, sino también de productos como embutidos, sopas instantáneas, botanas, salsas y aderezos comerciales, comidas preparadas y algunos tipos de queso», explicó Estrada Palafox.
¿Qué es lo recomendable?
La especialita recomendó incorporar con frecuencia verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, nueces y semillas. Alimentos como la avena, los frijoles y las lentejas aportan fibra, mientras que las nueces, semillas de chía, aguacate y aceite de oliva contienen grasas saludables. También pueden incluirse pescados como salmón y sardinas dentro de una alimentación equilibrada. La clave, señalan las recomendaciones, está en mantener variedad y constancia.
Otro cambio beneficioso consiste en limitar las grasas saturadas presentes en carnes procesadas, frituras y algunos productos de repostería, y sustituirlas por fuentes de grasas insaturadas. Asimismo, cocinar con mayor frecuencia en casa, preferir agua en lugar de bebidas azucaradas, utilizar especias para realzar el sabor de las comidas y revisar las etiquetas nutricionales son medidas sencillas que pueden contribuir a disminuir el consumo de sodio y otros nutrientes en exceso.
No solo es la alimentación
La protección del corazón, sin embargo, no depende exclusivamente de la alimentación. Mantener actividad física regular, dormir adecuadamente, manejar el estrés y evitar el tabaco también forman parte de un estilo de vida orientado a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Además, las evaluaciones médicas periódicas permiten vigilar indicadores como la glucosa, el colesterol y los triglicéridos y detectar posibles factores de riesgo de manera oportuna.

