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Bukele consolida su hegemonía regional: Balcázar y Delcy Rodríguez tocan fondo en popularidad
Redacción América – El más reciente informe de CB Consultora Opinión Pública correspondiente a abril de 2026 ha ratificado a Nayib Bukele como el líder indiscutible en aprobación ciudadana en América Latina. Mientras el mandatario salvadoreño mantiene niveles de respaldo que superan el 70%, otros gobernantes de la región enfrentan una crisis de legitimidad sin precedentes, destacando los casos de José María Balcázar en Perú y Delcy Rodríguez en Venezuela, quienes se ubican en el sótano del ranking regional.
Este estudio, realizado en 18 países, muestra una región profundamente polarizada donde la «mano dura» y el carisma digital parecen ser los activos más valorados por el electorado, frente a gobiernos interinos o de transición que no logran conectar con las demandas de seguridad y estabilidad económica de sus poblaciones.
Los hallazgos más relevantes del ranking de abril incluyen:
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El Podio de la Popularidad: Nayib Bukele (El Salvador) lidera con un 70.1%, seguido de cerca por Claudia Sheinbaum (México) con un 69.8% y Rodrigo Chaves (Costa Rica) con un 59.5%. Estos tres líderes mantienen una base sólida a pesar del desgaste natural del ejercicio del poder.
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El Descalabro de los Interinos: José María Balcázar, presidente interino de Perú tras una serie de crisis legislativas, registra los niveles más bajos de la región, reflejando el hartazgo de la ciudadanía peruana con la inestabilidad institucional.
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Venezuela en la Incertidumbre: Delcy Rodríguez, actuando como presidenta encargada tras los eventos políticos de enero que desplazaron a Nicolás Maduro, cuenta con apenas un 27.5% de apoyo, enfrentando un rechazo del 67.6%.
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Caídas Significativas: El informe destaca la pérdida de terreno de figuras como Javier Milei (Argentina), quien ha visto caer su imagen positiva al 36.2%, y Gustavo Petro (Colombia), quien cierra su mandato con un 38.2% de favorabilidad.
Este panorama electoral subraya que, para mediados de 2026, la región premia los resultados tangibles en seguridad y la comunicación directa, mientras castiga severamente la percepción de inoperancia administrativa y las crisis de sucesión política.

