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Apagón y Silencio: Rusia prohíbe protestas contra el bloqueo de Internet en Moscú y San Petersburgo
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Censura de Calle: El gobierno de Vladimir Putin ha prohibido oficialmente cualquier manifestación o protesta pública en las principales ciudades del país, Moscú y San Petersburgo, dirigidas a rechazar el creciente bloqueo de servicios de Internet. La medida, anunciada este 26 de marzo de 2026, busca sofocar el descontento social por la desconexión de plataformas occidentales.
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El «Soberanet» en Marcha: El reporte de Infobae destaca que Rusia está acelerando la implementación de su Internet Soberano, un sistema que permite al Kremlin aislar el tráfico digital del país del resto del mundo. En las últimas semanas, el acceso a servicios críticos de mensajería, redes sociales y herramientas de trabajo remoto ha sido severamente limitado, afectando tanto a ciudadanos como a empresas.
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Argumentos de Seguridad: Las autoridades rusas justifican la prohibición de las protestas alegando razones de «orden público» y la supuesta prevención de «acciones instigadas por potencias extranjeras» para desestabilizar el país. Se han desplegado fuertes contingentes policiales en plazas emblemáticas para evitar cualquier intento de aglomeración.
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Impacto en la Población: La imposibilidad de acceder a información no filtrada y el bloqueo de herramientas de evasión (como las VPN más populares) han generado una atmósfera de aislamiento digital. Los jóvenes y el sector tecnológico son los más afectados, viendo cómo sus canales de comunicación con el exterior se cierran definitivamente en este 2026.
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Represión Judicial: Quienes intenten desafiar la prohibición se enfrentan a penas de prisión inmediatas y multas exorbitantes bajo las leyes de «agentes extranjeros» y «difamación del ejército», que han sido endurecidas para incluir cualquier crítica a la infraestructura de comunicaciones del Estado.
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Reacción Internacional: Organismos de derechos humanos y defensores de la libertad de prensa han condenado la medida, señalando que Rusia está siguiendo el modelo de «Gran Cortafuegos» de China, pero con un enfoque mucho más agresivo en la represión de la disidencia física y digital simultáneamente.

