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La hoja de ruta de Washington para la transición en Venezuela: entre la cautela y la urgencia
La administración estadounidense ha consolidado un enfoque metódico respecto al proceso de transformación política en Venezuela, subrayando que, aunque el objetivo es acelerar el cambio, la estabilidad institucional requiere de un cronograma prudente. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha manifestado que la expectativa es que el país alcance una resolución democrática en un periodo de meses y no de años, enfatizando que el desmontaje de las estructuras autoritarias heredadas de las últimas dos décadas es un desafío complejo que no puede ejecutarse de manera precipitada.
A pesar de las presiones externas y la necesidad de resultados verificables, Washington insiste en que el destino soberano de la nación debe ser guiado fundamentalmente por su propia ciudadanía. En este contexto, el Departamento de Estado ha precisado que el modelo de transición se articula mediante etapas críticas que priorizan la restitución del orden institucional, la estabilización económica y la apertura de espacios para la reconciliación nacional, evitando imponer soluciones unilaterales que comprometan la legitimidad del futuro político venezolano.
El avance de esta nueva etapa se centra en la preparación de una fase de negociaciones bilaterales entre los diversos sectores opositores y las actuales autoridades de transición, con el fin de establecer reglas claras para una futura competencia electoral. Para la diplomacia estadounidense, la clave del éxito radica en la transparencia y la libertad de expresión, elementos esenciales para garantizar que la reconfiguración del Estado no sea un proceso cosmético, sino una transición real hacia un modelo de convivencia democrática que ponga fin definitivo a la crisis que ha afectado a la región.

