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Crisis en Teherán: Fisuras en el régimen tras la represión masiva
La brutalidad de las recientes masacres ejecutadas por las fuerzas de seguridad ha comenzado a generar un efecto bumerán dentro de las propias instituciones del Estado. Según el reporte, la cohesión del régimen, que históricamente se ha mantenido férrea ante la disidencia, muestra hoy signos de agotamiento y división interna.
Los ejes de la tensión política:
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División entre «Halcones» y «Pragmáticos»: El análisis detalla un enfrentamiento directo entre el ala más radical de la Guardia Revolucionaria, que aboga por una represión total, y sectores de la burocracia y el clero que temen que la violencia excesiva haga que el sistema pierda toda legitimidad y termine por colapsar de forma irreversible.
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Deserciones y desmoralización: Se han reportado informes de baja moral en las filas de las fuerzas de seguridad de nivel medio. Algunos oficiales cuestionan las órdenes de disparar contra manifestantes, lo que ha llevado al mando central a endurecer la vigilancia interna para evitar deserciones masivas.
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El factor económico como catalizador: La presión de las sanciones internacionales, intensificada por la administración de Donald Trump, ha dejado al régimen con pocos recursos para «comprar» lealtad social. La falta de divisas y la inflación galopante están alimentando el descontento incluso entre las bases que tradicionalmente apoyaban al gobierno.
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Aislamiento internacional: Las masacres han provocado una condena global casi unánime, lo que dificulta que los sectores moderados del régimen puedan negociar cualquier alivio de la presión externa. Esta situación de «paria internacional» está siendo utilizada por los sectores más extremistas para justificar un cierre total de filas y una postura aún más agresiva hacia Occidente.

